Serie investigativa: Puerto Rico – Enmienda constitucional
Wednesday, January 2nd, 2008
Ir al Visitante para ver videos relacionadas
Recientemente se ha generado una acalorada controversia en la prensa local en torno a los anuncios, publicados en el periódico Diálogo de la Universidad de Puerto Rico, para donantes de óvulos. Estos anuncios, que podrían parecer inofensivos e incluso positivos en cuanto dicen que la donación de óvulos ayuda a mujeres infértiles, en realidad encierran un serio peligro a la comunidad universitaria y, por ende, al pueblo puertorriqueño. (more…)
Son muchas las formas en que las propuestas del Borrador del Libro Segundo del Código Civil de Puerto Rico prometen erosionar el valor de la institución familiar y la dignidad de la vida humana. En este espacio hemos comentado sobre varias de ellas.
Sin embargo, poco se ha dicho sobre el efecto devastador que tendría aceptar dichas propuestas sobre los derechos y las libertades que disfrutamos y damos por sentado en una sociedad democrática: el derecho a la libre expresión, el derecho a la libertad de conciencia y a practicar libremente nuestras creencias religiosas. Veamos lo que, basado en la experiencia reciente en otros países que han aprobado legislación parecida, con toda probabilidad sucederá si se adoptan las propuestas:
En Inglaterra, el Comité Parlamentario Conjunto sobre Derechos Humanos recomendó reglamentación que hace ilegal que las escuelas religiosas privadas enseñen que la conducta homosexual es inmoral. En este País es ilegal que una agencia de adopción cristiana le niegue sus servicios a una pareja de homosexuales o lesbianas. Una imprenta religiosa no podrá publicar escritos que cuestione la moralidad del comportamiento homosexual. Tal publicación es ilegal.
En Inglaterra, la policía interrogó a una defensora de los valores familiares, Lynette Burrows, tras ella decir en un programa radial que los hombres homosexuales no necesariamente están capacitados para criar niños. Un radioescucha la denunció a la policía porque concluyó que ese comentario era homofóbico.
En Suecia, a un pastor (Pastor Ake Green) se le arrestó y sentenció con un mes de cárcel luego de ofrecer un sermón en el cual catalogó el comportamiento homosexual como “tumor canceroso profundo” en la sociedad. También comentó que el matrimonio consiste de una relación hombre-mujer y que las prácticas homosexuales son incompatibles con el cristianismo. Según la ley de ese País, tales expresiones incitan al odio hacia los homosexuales.
En Gales del Sur, una Iglesia (Maesteg Christian Centre de Bridgend) fue llevada a corte por rehusarse a reconocer a un transexual como mujer en sus círculos femeninos de oración y en el uso de los servicios sanitarios para mujeres.
En Escocia, por directriz del Servicio de Salud Nacional (National Health Service), lo(a)s enfermero(a)s deben evitar usar los términos “mamá” y “papá” al referirse a las relaciones familiares porque pueden ser ofensivas a las parejas de homosexuales y lesbianas.
En Brazil, el Senado considera legislación (Proyecto 122/2006) para criminalizar cualquier expresión pública en contra de las prácticas homosexuales. El que cuestione dichas prácticas tendría que cumplir de entre dos a cinco años de prisión.
En Alemania, los tribunales han removido a cinco niños (Rosine, Jotham, Kurt-Simon, Lovis y Ernst Brause de Zittau) de su hogar porque sus padres los educaban en su casa. Ahora la encargada de ellos es la “Jugendamt” (creada por Hitler en 1939), la oficina de la juventud local. A Melissa Busekros de Bavaria, joven de 15 años, la sacaron forzosamente de su casa 15 agentes de la policía porque sus padres, ambos con grados universitarios, se negaron a enviarla a la escuela pública y la educaban en su hogar. ¡En ambos casos las autoridades alegan que los niños están bajo “demasiada influencia” de sus padres! Los padres se enfrentan a cárcel, a multas, y a perder la custodia de sus hijos.
En Estados Unidos, un juez federal de Massachusetts ordenó que en las escuelas públicas del estado se enseñe que el comportamiento homosexual es positivo para que los estudiantes puedan ser “ciudadanos comprometidos y productivos” (“engaged and productive citizens”). Dictaminó que los padres no pueden eximir a sus hijos de esas enseñanzas. La única opción de los padres es sacarlos de la escuela pública, la que ellos mismos mantienen mediante sus impuestos.
En Estados Unidos, varias clínicas de fertilidad están reclutando madres subrogadas para parir niños a parejas de homosexuales a cambio de un precio. El precio es mayor cuando la pareja selecciona el sexo del bebé, lo cual hace el 75% de ellas. Aquellas parejas que han firmado un contrato para un bebé varón saludable tienen el derecho legal de abortarlo si no cumple con ambos requisitos.
En Inglaterra y otros países se han reportado casos de mujeres que han muerto o sufrido infertilidad irreversible en procedimientos de donación de óvulos.
Éstos son sólo algunos de los acontecimientos nefastos que se multiplicarán en nuestro País de aprobarse las propuestas del Libro Segundo del Código Civil sobre las Instituciones Familiares. Querido(a) lector(a), no crea que las predicciones anteriores son amenazas infundadas, inventos de “fanáticos”, o paranoia de “fundamentalistas”. Lea los siguientes artículos de prensa en los cuales se discuten y evidencian cada uno de los casos a los cuales se ha aludido.
Respetar el derecho a la dignidad de todos los seres humanos–algo que defendemos enérgicamente–no implica aplaudir, aprobar o legalizar todas sus conductas o preferencias. Es alarmante el que las preferencias de unos atropellen el derecho a la libre expresión y la libertad de conciencia de tantos otros. Afirmar que hay unas verdades objetivas no es discrimen ni incitación al odio, sino todo lo contrario: es una afirmación de la dignidad humana. De hecho, el que hay unas leyes naturales y que actuar racionalmente conforme a ellas conduce a la felicidad humana y al bienestar social es el fundamento de un sistema realmente democrático.
¡DESPIERTA, PUERTO RICO!, antes de que un triste día, no muy lejano, nos encontremos bajo el yugo de un sistema totalitario.
Fuente: APRODEFA
La columna de Mayra Santos-Febres titulada “I want my new Código Civil” (El Nuevo Día, 11 de febrero de 2007) es un excelente ejemplo del discurso demagógico de los que defienden las propuestas del Borrador del Libro Segundo del Código Civil que se está debatiendo en nuestra Legislatura. Veamos.
Luego de llamar “reportaje esplendoroso” a uno que simplemente resume algunos de los cambios propuestos al Código Civil, la columna celebra que el “nuevo” (adjetivo que se repite en seis ocasiones) Código “permitiría que se reconocieran legalmente las uniones consensuales entre personas de sexo diferente o del mismo sexo. También regula las fertilizaciones in-vitro, flexibiliza las posibilidades de adopción y por ende revoluciona nuestra manera de pensar en lo que es una familia.” Lo que no dice es que, en realidad, el “nuevo” código liberaliza indiscriminadamente las fertilizaciones in-vitro, permite la donación anónima de óvulos, espermatozoides o embriones y hasta la muy nefasta práctica de procreación póstuma, lo cual crea una situación de orfandad forzosa, entre muchas otras medidas que prometen tener devastadores consecuencias [ver 1-5].
Atentos a qué razones tendría la autora para celebrar tales cambios, leímos cuidadosamente el resto de su artículo. Luego de lamentar el que el Código propuesto no fuera lo suficientemente lejos, mediante “la legalidad de matrimonios entre homosexuales“, somete las siguientes las justificaciones:
Salvo llamarle “nuevo”, “moderno”, “de avanzada” y “revolucionario”, como si esto significara que es necesariamente mejor, (en otro lugar [6] hemos comentado sobre esta falacia), no se encuentra respaldo sustantivo a las propuestas del Código. En vista de ausencia de justificaciones, se recurre a la táctica usual de denigrar a la oposición:
“Sé que grupos fundamentalistas se opondrán a las recomendaciones más “sananas” (las de fertilizaciones in-vitro o las de adopción de niños por “solteros”). También sé que los legisladores, quizás hasta capitaneados por Jorge de Castro Font y Liza Fernández, cedan ante la presión de esos grupos conservadores, por temor a perder votos.” “Si algo tuvo de bueno la modernidad fue el desligar la Religión del Estado y permitir que el ser humano, guiado por el devenir de su razón y de sus descubrimientos sobre lo que es posible, propusiera leyes para organizar su vida en sociedad”. “No todos los ciudadanos de este país somos cristianos fundamentalistas ni conservadores homofóbicos ni gente temerosa del qué-dirán. Algunos hasta nos atrevemos a pensar por cabeza propia.”
Si bien la posición que sostenemos está ampliamente respaldada por el cristianismo y, de hecho, también por las demás principales religiones, la razón nos permite llegar a conclusiones similares. Recordemos, de lógica elemental, el concepto de definición. Sin definiciones el diálogo social humano se deteriora, se vuelve Torre de Babel. De la misma manera que la definición de un elefante difiere de la de un gato, y si usáramos la misma estaríamos en lo incorrecto, la definición de matrimonio es una y hacerla significar otra cosa es un error. Parte esencial de dicha definición es que el concepto se refiere a la unión entre un hombre y una mujer, como cualquier diccionario lo demuestra. De igual forma sucede con los demás términos que se usan en el debate sobre el Código: persona, procreación, etc. La razón nos dice que hay unos ordenamientos que propician un desarrollo social y otros que lo deterioran, unos que propician una mayor calidad de vida y otros que la corroen. Por otro lado, es contradictorio que, acusándonos de temerosos, la autora utilice el miedo como herramienta: el miedo a perder votos de los políticos, el miedo a que se nos tilde de “fundamentalistas, conservadores o gente temerosa del qué-dirán”. Si ser fundamentalista y conservador es defender y querer conservar lo fundamental, lo básico, los valores y definiciones correctas y verdaderas, lo somos. Somos fundamentalistas y conservadores si esto significa reconocer que existe una realidad objetiva, por más que muchos pretendan negarla. Es, precisamente, el pensar por cabeza propia, la Razón, lo que nos convence de la solidez de nuestra posición.
Notas:
Fuente: APRODEFA
El Borrador del Libro Segundo del Código Civil de Puerto Rico tiene unas disposiciones que son alarmantes para todo aquél que valora la dignidad de la vida humana y la familia. Además de liberalizar la experimentación con embriones humanos y los procesos de procreación asistida, permite el cambio de sexo en el certificado de nacimiento y aplica las normas jurídicas del matrimonio a las uniones de hecho, tanto heterosexual como homosexual. A manera de ejemplo:
Las vistas públicas sobre el borrador del Libro Segundo comenzarán en febrero en la Legislatura. Luego de ellas, los legisladores decidirán sobre la versión final del Código. Por consiguiente, ahora es el momento de elevar a los legisladores nuestro más enérgico repudio ante dichas propuestas que socavan el fundamento mismo de la institución familiar. Le exhortamos que envíe a los miembros de la Asamblea Legislativa la petición que incluimos. Además, le invitamos a leer más sobre el tema y a llevar el mensaje a familiares y amigos de modo tal que, unidos, detengamos tan nefasto ataque a los valores que definen a nuestra sociedad.
A continuación varios artículos publicados en El Visitante sobre la experimentación con embriones humanos y la procreación humana asistida, al igual que sobre el Borrador del Libro Segundo del Código Civil.
Se describe el Borrador del Código Civil de Puerto Rico como “innovador”, lleno de “ideas de avanzada” y propuestas que son “avances significativos” que “modernizan” y “actualizan” (Rf. “Doce propuestas innovadoras” e “Instituciones internacionales elogian y escudriñan la revisión”, El Nuevo Día, 11 de febrero de 2007). Por ejemplo, en su artículo “Revolución en la familia” (El Nuevo Día, 11 de febrero de 2007), Israel Rodríguez Sánchez comenta:
Siglo XXI, lo contemporáneo, lo tecnológico… Se identifica “reformar” y “cambiar” con “mejorar”. Abierta o veladamente se asocian “innovación”, lo “moderno” y lo “nuevo” con lo “mejor”. Por implicación, oponerse supone ser anticuado, retrógrado. De este manera demagógica lo tradicional se ha convertido en una mala palabra, en un insulto, en una vergüenza. En tono acusatorio se señala el hecho de que el Código Civil vigente data del siglo 19 y, aunque enmendado en 1930, la mayoría de sus artículos quedaron igual. No se repara en la posibilidades que muchos quedaran igual porque así lo ameritaban o porque algunos cambios habrían degenerado en una situación peor o porque eran improcedentes.
Muchos ejemplos triviales cotidianos ilustran que lo viejo no es necesariamente peor (por ej. algunos vinos) ni lo nuevo necesariamente mejor (por ej. alguna música y programas de televisión). En la esfera moral, “no matarás” es un mandato viejo que sigue vigente; el uso de armas biológicas es una práctica nueva pero el mero hecho de serlo no la hace buena. En particular cuando se trata de asuntos que tienen un impacto sustancial sobre el bienestar personal y social, todo cambio debe tener una amplia justificación que demuestre que realmente abona a dicho bienestar, no lo contrario. No todo cambio, meramente por serlo, se justifica. No todos los cambios que propone el Borrador, en especial en lo relacionado con “las instituciones familiares” (Libro Segundo), cumplen con este cometido. Carece de sentido pensar que alterar las leyes naturales fundamentales en torno a la procreación no trastoca el País, tal como se ha citado a De Castro Font. Se trastoca el árbol cuya raíz se desgarra o corta. Se trastoca un País cuyas raíces se desgarran o cortan —peor aún cuando el efecto previsible es debilitarlo.