La Huelga en la UPR y El Visitante
Sorprende el lenguaje, y el análisis subyacente, de la reciente columna “Seamos solidarios” del Director del Visitante, Jaime Torres Torres. Dicha columna, del 30 de mayo del 2010, básicamente exhorta al lector a ser “solidario” con los estudiantes huelguistas en el presente conflicto que encara el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Si bien el Sr. Torres, como cualquier ciudadano, tiene derecho a expresar libremente sus convicciones, se espera de un director de un periódico Católico que estas expresiones estén fundamentadas. Se espera que sus columnas contribuyan al entendimiento y discernimiento de los lectores Católicos a la luz de la verdad. Desgraciadamente, la aludida columna no cumple dicho fin.
El Sr. Torres indica que los estudiantes huelguistas están “dictando cátedra de creatividad e ingenio” en su “lucha por la justicia.” ¿Se refiere a los estudiantes que servían comida de perro a los policías o a los que llamaron al Presidente de la UPR “momia senil”? ¿Se refiere tal vez a los estudiantes encapuchados que atacaban a los guardias universitarios? ¿Se refiere acaso a los que, en la última asamblea de los estudiantes del Recinto de Río Piedras, abuchearon a los que defendían cualquier posición contraria como era la de continuar el diálogo con la administración con las puertas abiertas?¿Es parte de la lucha por la justicia la exigencia a priori de que no se aplique sanción alguna, aún cuando los hechos podrían ameritarlo? Con acierto, el Sr. Torres cita al Papa Juan Pablo II: “la paz se funda en el respeto de los derechos del hombre.” Esto aplica a todas las partes involucradas en el conflicto.
Para justificar la permanencia de la universidad del estado, el Sr. Torres cita del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia la siguiente frase: “Cuando el Estado reivindica el monopolio escolar, va más allá de sus derechos y conculca la justicia”. Veamos, sin embargo, el contexto de dicha cita: “Ha de considerarse una injusticia el rechazo de apoyo económico público a las escuelas no estatales que tengan necesidad de él y ofrezcan un servicio a la sociedad civil: «Cuando el Estado reivindica el monopolio escolar, va más allá de sus derechos y conculca la justicia… El Estado no puede, sin cometer injusticia, limitarse a tolerar las escuelas llamadas privadas. Éstas presentan un servicio público y tienen, por consiguiente, el derecho a ser ayudadas económicamente »” (n. 241). La cita no es, por lo tanto, un mandato a que la educación universitaria esté en manos del estado, sino un llamado a que el estado ayude económicamente a las escuelas privadas que sirvan a la sociedad.
“La solidaridad es una verdadera y propia virtud moral…es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos” como bien cita el Sr. Torres del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (n. 193). Sin embargo, el inciso también aclara que la solidaridad “no [es] un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas”, sino que exige “todos seamos verdaderamente responsables de todos” (n. 193). ¿Han tomado en consideración los estudiantes huelguistas el impacto de sus actuaciones sobre todas las partes afectadas? ¿Se han responsabilizado de todos?
Seamos solidarios, sí, con la verdad. Aplaudimos que el Sr. Torres trate de comentar los problemas que aquejan a nuestro País a la luz de la doctrina social de la Iglesia Católica. Reconocemos, al igual que él, la importancia de la universidad del estado para nuestro Pueblo. Nadie, en su sano juicio, querría que colapse. Aunque breve, sin embargo, cualquier comentario sobre la presente situación exige reconocer que ambas partes, los estudiantes huelguistas y la administración universitaria, han tenido desaciertos en el presente conflicto. Asimismo requiere sugerencias con el fin de restaurar la salud de dicha institución. Confiamos en que nuestras expresiones propicien el que el Visitante, periódico que hemos respaldado por años, sea verdadera fuente de alimento al intelecto y al espíritu de sus lectores.
— Anónimo
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